Lo habitual en un primer viaje a
Argentina es hacer el
circuito Buenos Aires, Iguazú y Patagonia y en una segunda oportunidad dedicarse a explorar el circuito noroeste y Mendoza. Aquí no respetaremos esa regla no escrita y propondremos un
circuito por argentina teniendo en cuenta las, a nuestro juicio, 6 maravillas del país. No incluimos
Buenos Aires. Como porteña que soy, he escrito muchos posts sobre la capital del país. Puede obviamente añadirse al circuito propuesto con facilidad ya que es la puerta de entrada al país.
Para visitar bien estas joyas y no desfallecer en el intento se necesitan, por lo menos, 15 días (lo ideal serían 3 semanas y añadir Buenos Aires). Dado que Aerolíneas Argentinas ha añadido a su “corredor sur” que conectaba Patagonia, un “corredor norte” es posible realizar esta combinación de destinos, racionalmente (es decir sin tener que pasar por la capital del país, para ir de un sitio a otro, como hasta hace poco).
1- Iguazú, explosión de agua en medio de la selva
En menos de dos horas de avión desde Buenos Aires se llega a
lguazú donde reinan las cataratas. La visión de las toneladas de agua que se desploman cada segundo a escasos metros de la pasarela suspendida en el aire sobrecoge de tal manera que nadie habla.
Muy recomendable es la
navegación en gomón al salto San Martín con la consiguiente ducha completa. Si tienes tiempo es muy interesante internarse en la
reserva Yacutinga durante un par de días. A dos horas en todoterreno podrás ver tucanes, loros, águilas, carpincho, iguanas, coatíes y, con suerte, algún puma.
2- Salta, colores y tradición
La ancestral cultura incaica aún pervive vividamente entre sus habitantes y ello se manifiesta en su gastronomía, arquitectura , productos artesanales y fiestas religiosas.
Salta conserva un interesante patrimonio arquitectónico y arqueológico para visitar. Otras cosas para hacer son: degustar platos de la cocina tradicional y vinos de la zona, asistir a peñas (espectáculos de música y baile folclóricos) y comprar tejidos y objetos artesanales.
Además, por su excelente infraestructura hotelera se la suele utilizar como base para realizar excursiones a los Valles Calchaquíes o a la Quebrada de Humahuaca.
La Quebrada de Humahuaca es un extenso valle andino de tonalidades imponentes. El ritmo desacelerado de sus pequeños pueblos de adobe perdidos entre las montañas le otorga a la zona un carácter único y fascinante: Purmamarca, al pie del Cerro de los Siete Colores, y Tilcara, con su pucará, sus celebraciones del carnaval y la veneración a la Pacha Mama son 2 joyas.
Si hay tiempo, una vista a las
Salinas Grandes permite disfrutar de un paisaje mágico.
Quienes lleguen a los Valles Calchaquíes podrán sumarse a la amplia oferta de circuitos guiados para conocer la riqueza cultural y el legado histórico de la zona. Además, la generosidad del paisaje invita a realizar actividades como montañismo, paseos en bicicleta,
visitar viñedos y, sin duda, sumergirse en largas jornadas de excursiones fotográficas y avistaje de fauna y flora autóctona. Los principales poblados para visitar son Cachi y Cafayate, donde encuentran las bodegas más altas del mundo.
A la altura de Santiago de Chile, pero del otro lado de los Andes, esta ciudad ha sido siempre punto de encuentro de alpinistas apasionados camino al Cerro Aconcagua (6.962 metros). Se puede hacer
trekking hasta el refugio de Plaza de Mulas y ver el pico y el entorno de este parque provincial de 71.000 hectáreas.
En Mendoza se produce el 63% del vino de toda Argentina. La ruta que recorre las bodegas en Mendoza incluye siempre degustaciones y un buen almuerzo. En enero y febrero es posible participar en la vendimia.
Cacheuta, a una hora en autobús desde Mendoza, ofrece descanso en aguas termales, mientras que en el río Mendoza, a unos 30 kilómetros de la capital, el deshielo del Aconcagua permite practicar rafting.
Tradicional destino turístico para argentinos, el parque nacional Nahuel Huapi ofrece un paisaje de postal no sólo por sus lagos y bosques, sino por esas perfectas casas de madera que en todo momento recuerdan a Suiza. De hecho, muchos pobladores de esta zona descienden de inmigrantes centroeuropeos. Éste es el lugar perfecto para realizar una excursión a caballo.
San Carlos de Bariloche, a dos horas de avión desde Buenos Aires, tiene las mejores instalaciones para establecer el campo base de visita a los lagos, además de buenos restaurantes donde comer el famoso cordero patagónico.
En
Villa La Angostura, a sólo 40 kilómetros, encontrarás la paz absoluta y un punto privilegiado para bañarte en el lago, o llegar, tras tres horas de caminata, al centenario bosque de arrayanes.
Unos cien kilómetros separan La Angostura de
San Martín de los Andes, conocido punto de pesca: es una ruta panorámica, llamada “de los siete lagos”, que completa la visita.
La base para visitarl los glaciares es
Calafate. El Glaciar Perito Moreno se deja ver de cerca, garantiza una buena ruptura cada media hora y se puede pisar y recorrer sin peligro. Cada poco, si se es paciente, un trozo de hielo se desprende de esta mole de 60 metros de altura y cae al agua, que no es tal. La llaman leche glacial, y tiene un color lácteo que al atardecer sobre el lago Argentino se vuelve turquesa. El estruendo satisface a quienes lo han visto todo y hace rabiar a los que estaban de espaldas. Pero siempre habrá otro. El río de hielo nunca se para.
Resulta imperdible el trekking sobre el glaciar. Suena arriesgado, pero es apto para todos los públicos. Los crampones, más fáciles de usar de lo que parece, permiten subir y bajar en medio de extrañas formas y cuevas congeladas, siempre rodeadas de ese penetrante color azul que no es más que una ilusión óptica provocada por la refracción de la luz solar sobre el hielo.
Otra posibilidad es la navegación para ver otros inmensos glaciares, como el Upsala, al que se llega sorteando una barrera de icebergs.
Si de cada viaje se traen fotos, souvenirs y sensaciones, la de Ushuaia es evidente: es el fin del mundo, la ciudad más al sur del planeta, a 3.000 kilómetros de Buenos Aires y a una hora de avión desde El Calafate. Pero para sentirlo, además de saberlo, hay que subirse a un barco de los que navegan el canal del Beagle, y acercarse despacio al islote que hay frente a la ciudad, donde vive una importante comunidad de leones marinos. Cuando la nave se acerca a tres metros, y sólo se oyen en medio del canal los gritos de los machos, uno se da cuenta de que a partir de allí el ser humano no pinta mucho.
Ushuaia es punto de partida para excursiones de aventura a la Antártida, a dos días de navegación. También parten desde allí excursiones en todoterreno a los lagos cercanos. Para acabar el día, qué mejor que un plato de la centolla del fin del mundo o la exquisita merluza negra.
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